¿Cuantas veces, no hemos preferido que nos mientan a escuchar la verdad? ¿Cuantas veces nos cegamos, cubrimos nuestros ojos con una venda y decimos "Esta bien, todo esta bien" cuando en realidad nada esta bien? ¿Cuantas veces nos hemos refugiado en aquellas mentiras que, se sienten tan bien, que preferimos hacer de ellas nuestra verdad, nuestra realidad?
Por mi parte, demasiadas. Pero son tan bellas esas mentiras, esas falsedades que, me encantan! De verdad que sí, las amo. Las amo mas de lo que podría amar la realidad. Pero, cuando me dicen la verdad, tan fría, cruel y despiadada, es cuando me cortan la venda y las alas y me deslumbro, caigo en seco al piso.
Me rompo, me quiebro, me muero. Lloro y me siento desangrar lentamente cuando aquella verdad golpea mis ojos, mis oídos, mis sentidos y me deja en shock. Oh sí~ Desearía que ese shock fuese anafiláctico y que acabara conmigo en cuestión de segundos.
Pero, esa mentiras que en un principio me gustaron demasiado las comienzo a odiar, y me odio a mi misma por creerlas, por quererlas, por amarlas.. Por desearlas.

