Era de noche y aquellos amantes, iluminados por la luz tenue que emanaba la luna, bailaban al compás de sus palpitares, de sus respiraciones. Se miraban y comunicaban con el lenguaje más bello jamás imaginado por el hombre. Aquellos amantes, cuyo amor estaba prohibido, dejaban a un lado las especulaciones, los rumores y los cuchicheos de los demás acerca de ellos.
Eran como el agua y el aceite, el blanco y el negro, eran totalmente diferentes, pero sus cuerpos a la hora de bailar se sincronizaban perfectamente, embonando a la perfección como si fuesen moldeados para ello, y, con movimientos ágiles, delicados y con gracia eran capaces de conquistar a quienes les viera.
Después de las peleas, de los insultos y los golpes llegaban a esto, ya era parte de ellos, una costumbre, una puerta de escape a sus diferencias, a sus rencores y recelos. Todo empezaba con un par de sonrisas, seguía con una danza exótica de ambas lenguas buscando el poderío de la otra, explorando el dominio de la contraria.
Con movimientos seductores y una mirada cargada de lujuria y pasión comenzaba a seducir el menor a su ahora amante, quién gustoso y complacido de ver al contrario así comenzaba una danza con él. Moviéndose a un solo ritmo, con una sincronización tan perfecta que los grandes de la danza los envidiarían si los vieran.
Moviéndose lento y rápido, con estilo y gracia, con agilidad y fragilidad, todo eso se veía cuando ese par lograban llevar un perfecto baile. Sudando e incitando a la luna, quién curiosa los mira, iluminándolos con su luz, siendo espectadora de este amor prohibido, de esos roces tan seductores, de esa pasión ardiente.
Pasos rápidos, movimientos coordinados de piernas y brazos, cautivadores, atrapantes; creando a su al rededor una atmósfera de seducción y calidez, de vibración y excitación, eso era lo que desbordaban en sus encuentros nocturnos, en sus huídas a lugares donde nadie les viera.
Ajitados y sudando, con sus respiraciones entrecortadas y sus pulmones luchando por conseguir algo del preciado aire, así era como terminaban. Shizuo, el hombre mas fuerte de todo Ikebukuro e Izaya, un psicópata con el hobby mas raro jamás conocido.
Y es que esa era su forma de encajar, de embonar en el otro si necesidad de llegar a los golpes, mordiscos o insultos, era la única forma de mostrarse su amor sin palabras, únicamente con miradas y roces, con la luna como testigo de aquellos encuentros luego de un día ajitado.
Esa era su diversión, su pasatiempo y entretenimiento nocturno, profesarse su amor con movimientos delicados y ágiles, compartiendo un ritmo, un palpitar y, un sentimiento.
Bueno D: espero que les guste ya que a mi no me gustó mucho que digamos xDUu mi inspiración vino cuando escuchaba al grandioso Edvin Marton (L) y bueno xD Ahí esta, disfruten :3

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